El Blog de Emilio Matei

domingo, 6 de agosto de 2017

Criptomonedas, impuestos y evasión

Los impuestos

Sin impuestos nos quedaríamos sin aeropuertos, sin rutas, en síntesis, sin obra pública. Es cierto que en los momentos de crisis la obra pública es la última que deja de realizarse porque interesa a los capitales mafiosos que aprovechan de la corrupción que también florece en ese contexto. Pero al final no queda dinero para nadie. Y a los servicios sociales, en su concepción más amplia, los dejo de lado aquí porque los poderosos no los consideran necesarios, apenas un gasto inútil.
Conviene aclarar que en estos tiempos la riqueza extrema podría resolver el problema de los servicios públicos para algunas pocas personas. ¿A quién interesan las rutas si tiene helicóptero propio? ¿A quién la medicina social si puede llamar a los mejores médicos a su casa y pagarles lo que pidan? Por lo que la reducción de los impuestos condena a la miseria a los mismos de siempre y deja de lado a los poderosos.
La corrupción, la verdadera y no la vociferada por la prensa que sólo responde por estas épocas a los intereses corruptos predominantes, y las mafias, tienen un límite para los negocios. Ese límite es la imposibilidad de seguir retirando huevos de oro de la enflaquecida y macilenta gallina. Al final la máquina infernal de la explotación de las riquezas de un país se detiene por exhaución. En nuestro país, Argentina, eso pasó dos veces. En el 1991 y en el 2001. En los dos casos los bancos confiscaron la totalidad de los depósitos de los ciudadanos. En el ’91 hasta llegaron a cobrar un “interés” por los fondos retirados las cuarenta ocho horas antes de la debacle, que se había vuelto muy previsible e impulsado a los prudentes a retirar sus depósitos.
Y ahora se viene otra igual.
La disyuntiva no es fácil. Si pagamos los impuestos le regalamos nuestro dinero a mafiosos y corruptos, si dejamos de pagar los impuestos condenamos al país a la destrucción y a la mayor parte de la gente a la pobreza extrema.
Entonces, usando del dicho popular con algún pequeño ajuste: las cosas estaban mal y parió la abuela. Aparecieron las criptomonedas. El bitcoin y sus hijuelos.

El bitcoin y las criptomonedas

Es difícil saber todavía si las criptomonedas son una burbuja o si vendrán a establecerse definitivamente. Lo que sí sabemos es que atentan contra el pago de los impuestos y defienden a los que tienen dinero negro. Y esto último no lo digo en sentido enteramente peyorativo. El único dinero que podemos usar fuera de la mira de un estado expoliador es el dinero que se gana y no se declara. Claro que los que bailan en una pata son los narcotraficantes y todos los grandes lavadores de dinero.
Por ahora los estados no se manifestaron directamente respecto a las criptomonedas. Uno puede imaginar que se debe a la tradicional pereza de la burocracia estatal, a que todavía no hay tanto dinero girando por esa vía y a la que la mayor parte de los políticos les conviene que esas monedas existan del mismo modo que aceptan, haciéndose los distraídos ma non troppo, a los paraísos fiscales.

Una analogía no demasiado forzada

Hay ciertas leyes que existen mientras la tecnología o alguna otra herramienta no permitan saltarlas con impunidad.
Hasta hace unos años, lo que en Argentina se llamó “Guía verde”, es decir, una guía telefónica a la que se podía acceder al revés, desde las direcciones de las viviendas y así llegar al teléfono y el nombre del habitante registrado, estuvieron prohibidas en la mayor parte de los países por razones de seguridad de los usuarios de telefonía. Hasta que se digitalizó la guía telefónica y ya fue posible mediante medios informáticos, entrar a los registros por cualquier parámetro; desde el número telefónico hasta la dirección de la vivienda. En Australia sacaron el primer CD que lo permitía. Primero se vendió clandestinamente y fue tan exitoso que al final hubo discos en todos los países y, además, entregado por las mismas telefónicas.
La lucha contra el lavado pone infinidad de barreras al flujo de dinero entre países, llegando en algunos casos a la “doble imposición”, es decir, a que el dinero tenga que pagar impuestos cuando se gana y cuando se usa en otro país, más los gastos bancarios de las transferencias obligatorias. Estos “gastos” se puentean fácilmente mediante las criptomonedas. Por lo que si los estados se oponen a su uso, como en el caso de las guías “verdes”, es probable que terminen por verse obligado a aceptarlos. Salvo que ataquen a las criptomonedas junto al uso libre de internet, cosa no del todo improbable aunque por ahora parece resultar muy difícil.

Lavado, bitcoins y Pymes


Tampoco hay que olvidar que todas las leyes que reprimen el lavado están apuntadas a los usuarios “Pymes” y no a los grandes capitales. Los bancos pagan multas irrisorias, cuando lo hacen, por el lavado. El uso de las criptomonedas “socializa” la evasión a nivel internacional. Alguien comparó, por otros motivos, a la aparición del bitcoin con la invención de la imprenta. La imprenta permitió al conocimiento salir de la iglesia y socializarse. Lo mismo pasaría con el manejo del dinero, saliendo de los bancos y permitiendo su uso libre por las personas de a pie. ¿Pero cómo hace un estado para mantenerse si eso sucede? Por ahora sólo con impuestos regresivos que sólo exprimen a los que menos tienen.

martes, 31 de enero de 2017

La puta buena conciencia mata otra vez


Donald Trump
 ¿Se acuerdan de Malvinas? Todas las buenas conciencias, las nacionalistas, las de izquierda, las de derecha, clamaban por la Argentina que enfrentaba al Imperio. Señoras de beneficencia donaron sus collares, mujeres pobres donaron su oro, y si no lo tenían, al menos compraron un chocolatín y pusieron en su interior una cartita para el soldadito, artistas plásticos donaron sus obras tanto en Argentina como en otros países de Latinoamérica, en solidaridad de la Patria Grande en contra del Imperio, siempre enemigo común. Y todo eso fue a parar a manos de la basura local, a los mismos que los condenaban a la miseria o, directamente, a la muerte.
No se trata de tomar partido por una u otra parte, se trata de no simplificar para no verse obligado a salir corriendo, el rabo entre las piernas, ante una realidad que te hace ver como un estúpido.
Hasta hace muy poco el presidente de Estados Unidos carecía de decisión propia, no era más que un títere en manos de las grandes corporaciones. Hasta hace poco el libre comercio era una trampa que ponían los países poderosos a los más débiles. Pero parece que ahora resulta al revés. El presidente es el verdadero artífice de las políticas de Estados Unidos y el terminar con el libre comercio resulta una maniobra contra los países dependientes.

Muchachos bienintencionados, larguen los panfletos por favor, un poco de espíritu crítico y de mirada sobre la realidad no muerde. 

-¡Qué horror, cómo pueden votar a un tipo así! La culpa es del sistema electoral norteamericano. Menos mal que aquí el sistema es mucho mejor, aquí nunca habría ganado Trump.
(Apócrifo escuchado en Puerto Madero)



martes, 27 de diciembre de 2016

Dos pizzas al precio de una

En el setenta y siete Montevideo era una ciudad de machos abandonados. En cada bar vegetaba un cuarentón bajo y delgado que parecía diez o veinte años más, frente a un vasito de alcohol que el mozo volvía a llenar intercambiando apenas una palabra sobre el tiempo o sobre el fútbol. No convenía mirar al bebedor solitario. Si uno lo hacía casi seguro que recibiría un ¡qué mira, usté, ¿tengo monos en la cara?!, primer paso a una escena de violencia. Como si fuera bien de hombre rodearse de una burbuja impenetrable que protegiera el roedor dentro de la cabeza que se retorcía por una mirada ajena. Creo que era parte de la culpa de esos hombres por no tener suficiente hombría para encarar el suicidio de una buena vez y no dividido en mil vasitos de alcohol. Y entonces la voz clara, perfecta, de Victor Hugo Morales en la radio. Una voz inadecuada, anacrónica. ¿Qué hacía un locutor así en ese país asesinado?, en la ciudad gris donde la humedad del invierno chorreaba por las paredes. ¿Qué hacía una voz joven y alegre en un país de viejos abandonados? Al menos en Argentina... Y se fue a Argentina.
Tres millones y poco más de habitantes en los sesentas, tres millones y poco más de habitantes en los setentas y hoy, cuarenta años después, todavía, tres millones y poco más de habitantes. Y colonias de uruguayos en Canadá, en Australia, en Francia, en Suecia y hasta en Argentina y Brasil. Qué pasó. Qué sigue pasando en Uruguay. “En este país
no hay futuro para los jóvenes”, me dijo el mago Federico, de treinta años, que siempre habla en frases hechas. Y su tristeza era tan auténtica que le puso lágrimas en los ojos. Tenés que irte del país, le dijo la madre.

Estos últimos años, a lo mejor en estos últimos diez años, muy de a poco, con la calma y la desconfianza tradicional de los uruguayos cuando se trata de encarar un cambio, se fueron pintando las casas sin tener miedo al color. Volvió a haber buen teatro y se filmaron películas. Se escuchó nueva música, se escuchó a nuevos músicos, aparecieron escritores interesantes. Algo se cocina siempre en Montevideo, esa olla de jubilados y empleados públicos en caldo joven de tejido de punto, marihuana y esoterismos. Algo bueno se cocinó a pesar de todo. Y a pesar del orgullo y la mítica garra, o tal vez por eso mismo, todavía se van, siempre se van. Sigue habiendo, como dije, tres millones y poco más de habitantes. Y en los bares, hoy en día, al hombre, al macho abandonado frente al vasito de alcohol, nadie lo mira porque nadie lo ve. En los bares, hoy en día, un partido de fútbol entre Lituania y Camerún transmitido por un canal argentino y dos pizzas al precio de una.


martes, 9 de agosto de 2016

Los perros de paja

Simon Petliura
Cuántos de los torturados, vejados, arruinados de todos los modos posibles, querrían que su tragedia terminara en la perfecta venganza, en la muerte violenta y por sus propias manos de los torturadores. Por qué eso nunca sucede en la realidad. Por qué eso sucede siempre en las películas norteamericanas cuyos guionistas saben detectar cualquier deseo profundo nunca cumplido en la realidad, tal vez parte esencial de todo conflicto narrativo. 
Apenas hay unos poquísimos casos de venganzas satisfechas en el mundo real. Puedo recordar dos, Shlomo Shvarzbard que vengó la muerte de entre treinta y cincuenta mil judíos en Ucrania por culpa de su víctima, Simón Petliura*, en París; y el anarquista alemán Kurt Wilkens que mató al general Varela, ejecutor de los obreros de la Patagonia. Lo normal es que los sobrevivientes sigan siendo víctimas de sí mismos, heridos hasta lo más profundo, sin capacidad de reacción ni regeneración. Algunos, los más fuertes, podrán pedir por justicia. Alternativa nunca satisfactoria pero al menos práctica, políticamente correcta y por eso mismo posible.
La tortura del torturador no es solución, salvo que se quiera ser como él. Debería procederse con más dignidad, permitiéndoles morir hasta mostrando alguna valentía, si la tienen. La muerte y sólo la muerte en manos de sus torturados sería justicia.
El ojo por ojo bíblico, en algunos casos, es más piadoso que la justicia moderna que encierra al torturador por años en una vida inhumana y deja al torturado con un duelo interminable en la conciencia de que su victimario aún vive y recuerda su martirio. Y aún más, que un cambio de gobierno puede dejar al torturador en libertad, cuando no convertirlo en un héroe. 

* En mayo de 1926 Simon Petliura fue asesinado en París por Sholom Shvarzbard, de un disparo de bala envenenada con cianuro. En octubre de 1927 el tribunal de París que lo juzgaba absolvió a Shlomo Shvarzbard, tomando en consideración los motivos del asesinato (venganza por sufrimiento de todos los judíos asesinados en los años 1919-1920 en territorios de Ucrania por pogromos, que algunos historiadores atribuyen al ejército de Petliura). (https://en.wikipedia.org/wiki/Symon_Petliura)

lunes, 20 de junio de 2016

Corruptos, corrupción y corruptometría

Un poco de tecnocracia

Hace mucho tiempo ya que dejé las “ciencias duras”, así que hacer el cálculo que propongo no me resultaría posible. El único econometrista que conozco ya está muy viejo y no creo que tenga ganas de ayudarme a resolver esto. Pero se me ocurre que ese cálculo es viable.

Se trata de encontrar una especie de fórmula corruptométrica. Es decir, que mida la corrupción en base a datos y no a impresiones, a sensaciones o a olfato.

Las variables serían (todas para un tiempo dado T):
1º PBI inicial y PBI final (PBI= Producto Bruto Interno)
2º Índice Gini (desigualdad, distribución social de la riqueza)
3º Deuda externa tomada como derivada, es decir, como variación durante el período que se tome. Bah, deuda externa final menos deuda externa inicial.
4º Deuda interna del mismo modo que la externa.
5º Coeficiente de inflación durante el período para la moneda que se utilice como referencia.

Teniendo en cuenta que la corrupción cero no es posible porque no acuerda con la condición humana, a partir de estos datos, y alguno más que puedo olvidar o desconocer, uno podría comparar gobiernos o sistemas políticos en cuanto a la corrupción que acogen.
La Ley seguirá buscando corrupto por corrupto para castigar. Pero uno sabrá a quién preferir cuando vota sin basarse sólo en la intuición.

Sospecho, eso sí, que en algún lugar del mundo, esta ecuación ya existe. Pero dudo que sus poseedores la quieran  hacer pública o, siquiera, hacer  públicos sus resultados.


jueves, 21 de abril de 2016

Paraíso, al Este

Subsidio a los ricos


Puerto Madero - Este de Buenos Aires

—Mirá, dejame hacer la cuenta, los bancos reciben casi el 40% anual, así que a vos, por un par de millones, digamos, 130.000 dólares en pesos, te dan como mínimo un 30. Eso significa, 600.000 pesos.
Dos señores al fin de sus cuarentas o a principio de sus cincuentas. Traje negro, camisa blanca, sin corbata. En un bar del Este de Buenos Aires, más allá de los docks, en Puerto Madero, primera línea frente al río.
—600.000 pesos dividido en 12 meses te da… 50.000 por mes. Vos vivís con 50.000 por mes, no —afirma más que pregunta.
—Sí —dice el otro, que no parece demasiado convencido.
—Te das cuenta, sin laburar, es el valor de un departamentito. Convertido en pesos, chau.
Suena un celular.—Ajá… sí… haceme una call y te doy el feedback.



martes, 2 de febrero de 2016

Aumento de tarifas eléctricas

La educación debe ser gratuita, también la medicina. La electricidad, sin embargo, puede ser subvencionada o no, gratuita jamás. Y si la subvención es importante parece que es exagerada. Lo mismo pasa con el uso de las rutas. Quien la usa la debe pagar, dicen. Lo mismo que dijeron con el fútbol, el que quiera verlo que pague, afirmando que eso era lo más democrático.
La discusión que subyace es qué debe hacer el Estado con el dinero que recibe, en relación a la población.

En el neoliberalismo el Estado actúa por medio de sus gerentes como una empresa que tiene como clientes a los ciudadanos. En tal caso, es obvio que los servicios que el Estado presta, pagos o gratuitos, deben tender a una acumulación de riquezas a favor del Estado. Lo que no queda tan claro, o más bien es ocultado cuidadosamente, es quiénes se benefician con las ganancias que hace el Estado, esas riquezas acumuladas, ya que deberían ser, en este razonamiento, los mismos ciudadanos.

El buen vivir, como en el caso de los tratamientos médicos, no debería hacer diferencias entre las personas. Del mismo modo, lo que el Estado devuelve a cada ciudadano, digamos, a cada propietario de un pedazo del país por el solo hecho de su nacionalidad, tampoco debería ser distinto. La condición de ciudadano del país no tendría que diferenciar por ninguna condición a unos de la otros. No importa la religión, el estado civil, la fortuna, etc., etc., etc.
La realidad es muy distinta. La realidad es que hay pocos que se benefician de las utilidades que hace el Estado. En este esquema de privilegios en el que vivimos, somos estafados por cada costo que nos implica la condición de ciudadano y que no obtiene la reciprocidad que corresponde.
Volviendo al punto que nos importa: no hay nada equivocado en cobrar la electricidad mucho menos de los que vale generarla como no lo habría tampoco si fuera gratuita. El uso de la energía eléctrica tiene que ser, o tender a ser, un derecho humano equivalente al de la libre circulación.


En este comentario apunto a los que poniendo la mejor cara de ecuanimidad dicen en buena fe, o no tanto: la verdad es que el subsidio que daban a la electricidad era exagerado. Otra vez haciéndose eco del famoso discurso dominante.

Nota: Sé que se me puede decir que los ricos recibirían, en el caso de la electricidad gratuita o subvencionada, un beneficio que pueden pagar y que no necesitan, eso es indudable,  Pero puedo asegurar que tienen privilegios mucho mayores que ese y mucho más injustos.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Por qué Lino Barañao. Jugando a los detectives

Lino Barañao
La continuidad de Lino Barañao como ministro de Ciencia y Técnica e Innovación Productiva produjo, como se podía esperar, reacciones encontradas. La discusión sobre si debía o no aceptar el cargo con un gobierno de ideología diametralmente opuesta a la del que lo había tenido como ministro hasta ahora, oculta la verdadera pregunta: ¿Por qué un gobierno de derecha, que consulta en la embajada de Estados Unidos, querría mantener un ministro de este área?

Parto de la base de que la embajada de Estados Unidos no sólo no se opone, sino que debe favorecer esta continuidad. Lo primero que se me ocurrió es que algunos productos farmacéuticos, y tal vez de otros campos como los satélites, que se fabrican en Argentina, podrían ser de interés del imperio. Pero por qué mantener en su país de origen a todo un aparato de creación científico y técnico que se podría transferir con facilidad a cualquier parte del mundo. Hay que tener en cuenta que la mano de obra especializada del siglo XXI no es demasiado cara para los grandes capitales.

Max Keiser y Stacy Herbert
Por fin, en el programa Keiser report de RT, Stacy Herbert, mujer y coequiper de Max Keiser en el programa, dijo de pasada (esto no es literal) que a Estados Unidos, léase, al neoliberalismo de la cabeza del imperio, le dejó de interesar hacer investigación y desarrollo en su propio espacio por no resultar suficientemente rentable y prefiere dejar que se haga en otros países para después hacerse del producto, patentes, etc.
Sí, parece ser que como hace unos años pasó con la industria pesada, por ejemplo con el acero, que dejó de ser rentable, es decir, que requiere de mucho capital para ganancias porcentuales reducidas, y resultó mejor transferirlo a China y otros países del Sudeste asiático, ahora podría pasar algo semejante con la investigación y el desarrollo.

Esta transferencia de actividades deja, sin lugar a dudas, puestos de trabajos perdidos en Estados Unidos, y nuevos puestos en los países en desarrollo, lo que augura y acentúa conflictos sociales en USA.

Desde nuestra perspectiva de argentinos, creo que la continuidad de Lino Barañao y el crecimiento en cantidad y calidad de la ciencia argentina son ventajosos para el país. Y si esto es negocio para otros que tienen intenciones de rapiña, habrá que ver cómo defender nuestro trabajo y las ganancias que pueda producir, cuidar el tema de las patentes y de la producción de productos de innovación y toda otra actividad que pueda drenar hacia terceros los resultados económicos de la actividad científico-técnica que se realice.

¿Se verá entonces aún con un gobierno neoliberal y dependiente una continuidad en el mundo de la ciencia? Puede ser, aunque no me atrevería a asegurarlo a pesar de lo que digo más arriba. En todo caso en pocos días sabremos cuál será el futuro próximo de la ciencia en Argentina.



jueves, 19 de noviembre de 2015

La ética y el altruismo

Presentación en Montevideo, Uruguay, de la novela "Tierra de nadie" el 7 de abril de 2016 a las 19 hs. en la Biblioteca Nacional

Ministerio de Educación y Cultura
Av. 18 de julio 1790

La licenciada en pedagogía e investigadora en Historia de la Educación (España), Cecilia Milito, me hizo llegar el artículo publicado el 6 de este mes por el diario El País de España bajo el título El buen samaritano es ateo. En dicho artículo se relaciona a los principios religiosos con el ateísmo en relación al altruismo. Este texto tan interesante me retrotrae al que yo mismo escribiera en este blog el 20 de julio de 2012: La trampa de la ética. En ese artículo sostengo, y aquí resumo, que en parte los sólidos conceptos éticos conducen a la definición más ajustada de la alteridad, del otro. Y que el otro es, de algún modo, especialmente por no compartir preceptos éticos del grupo, expulsado de la humanidad. Con lo que el compromiso altruista disminuye hasta, en casos extremos como el del nazismo, a la totalidad: al otro se lo puede eliminar.
El ateo, cuya responsabilidad es completa y definitiva, ya que no cuenta con un Ramadán, un Día del Perdón o la confesión, es bastante más probable que se sienta  más próximo al conjunto de la humanidad que a un grupo social en particular. Por supuesto, ser más probable no implica que suceda siempre de ese modo. Pretenderlo sería de una terrible ingenuidad.

El ateo, por tener ligaduras más débiles con la sociedad que lo contiene, por su menor pertenencia, por el mismo hecho de la transgresión que debe soportar en sí mismo, puede ser más comprensivo de los defectos y de las transgresiones de los demás. Puede sentirse con mayor facilidad que los religiosos, parte de un todo mucho mayor y ser, por eso mismo, altruista de un modo más amplio.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Tierra de nadie II

Muchas gracias a Héctor Prahim, por la calidez de su presentación de mi novela "Tierra de nadie" y a Carolina Meneses Columbié, que a esta hora debe estar cruzando la cordillera en camino de vuelta a casa en Santiago de Chile, por la lectura de fragmentos de la novela y su presencia invalorable. Gracias a Laura Chorno por la filmación y las fotografías, gracias a Diana Clerici, por las fotografías y compartir el trabajo de anfitrion. Gracias también a todos los amigos que vinieron y a Claudia y a Miguel, por todo lo que hicieron para que pasáramos un excelente rato en el Espacio del Astillero, por su cariño y su amistad. Gracias especiales para los que vinieron de las Islas, los que tuvieron que navegar para estar ahí.





martes, 3 de noviembre de 2015

Tierra de nadie

Invitación a la presentación en Tigre, Pcia. de Buenos Aires-Argentina, de la novela "Tierra de nadie"


Book trailer de "Tierra de nadie"


domingo, 11 de octubre de 2015

Pequeñas ambigüedades

Gilles Deleuze
Es bien sabido que los franceses educados aman su lengua. Disfrutan con fruición la pronunciación perfecta, la perfecta gramática. El sonido de su idioma les suena a canto y no soportan que algún extranjero cometa el mínimo error, que no dudan un momento en corregir.
Todo esto está muy bien, ¿quién podría objetarlo?

En los últimos años, sobre todo desde la caída definitiva del estalinismo, pero en realidad, desde el fin de la segunda guerra mundial, cuando el marxismo va cediendo terreno en las universidades sin prisa y sin pausa, aparecen una gran cantidad de intelectuales que poco a poco van sustituyendo a sus antecesores ofreciendo una nueva interpretación del mundo.
Todos los campos del pensamiento filosófico, sociológico, antropológico, psicológico, etc. etc. son cubiertos por nuevas figuras. Hasta aparecen nuevas disciplinas más o menos justificadas en las también nuevas interpretaciones del mundo real.

Y los jóvenes cambian viejos dioses barbudos y trajeados, enfáticos, mesiánicos, virulentos e iluminados, por otros inspirados, homosexuales, gurmets, verborrágicos y mediáticos. Casi todos franceses.

Y es entonces cuando la lengua francesa, tan querida y gozada por los intelectuales franceses, suele obnubilar los conceptos y esconderlos o anularlos en un supuesta poética que sólo algunos pueden comprender. (Merde alors, malheureusement pas moi!)

Espero que alguien pueda explicarme la gracia de la contradicción en esta declaración de Gilles Deleuze ya que a mí se me escapa. Pido disculpa por mis limitaciones, tengan en cuenta que claramente soy un no iniciado.

“No escribo contra alguien o contra algo. Para mí, escribir es un gesto positivo: consiste en decir lo que admiro, no en combatir lo que detesto. Escribir para denunciar es el nivel más ínfimo de la escritura. En cambio, es cierto que escribir implica que hay algo que no va bien en el estado de la cuestión que se desea abordar. Que uno no está satisfecho. O diría, por tanto: escribo contra las ideas estereotipadas. Siempre se escribe contra las ideas estereotipadas.” (De una entrevista realizada por el periodista Pierre Etienne)

Coññóóó, como dicen mis amigos cubanos. ¡Voto al paper de Sokal! ¿Estoy escribiendo en el nivel más ínfimo de la escritura o, como algo que no va bien, contra las ideas estereotipadas?


Esta oración carece de contenido, es pura forma, está aquí porque se supone que es una mala práctica literaria terminar un escrito con una pregunta. Creo que este final está de acuerdo con el tema que se trata: la frivolidad en la cultura o la cultura de la frivolidad.