El Blog de Emilio Matei
Mostrando entradas con la etiqueta plebiscito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta plebiscito. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de agosto de 2014

Los plebiscitos y la usura

El pueblo es soberano, pero ningún pueblo dispone del derecho absoluto a cualquier cosa. Ya traté este tema con respecto a la discusión que hay en Uruguay sobre las leyes que suelen llamarse de punto final. Estas leyes intentan terminar con los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura. Delitos que, por su naturaleza particularmente viciosa, son considerados en el conjunto de las naciones, imprescriptibles. Sin embargo, apoyándose en un falso poder absoluto del pueblo, se hizo un plebiscito y de acuerdo a los resultados obtenidos se decidió terminar con los juicios. Por qué no, entonces, en algún futuro disparatado, no se podría votar, mediante plebiscito, la muerte de todos los pelirrojos, todos los fumadores de marihuana o todos los miembros de algún grupo social minoritario. Si la condición omnipotente del plebiscito fuera verdad, todas estas alternativas serían posibles.
En síntesis, la soberanía del pueblo tiene, a pesar de su enorme e inalienable poder, límites precisos.



Ahora, en el tema de los llamados fondos buitres o holdouts, aparecen criterios parecidos a la falsa interpretación de soberanía que menciono más arriba. En este caso los contratos o acuerdos económicos deben ser cumplidos a cualquier costo y sin ninguna clase de matices. Criterio que no existe en ninguna legislación del mundo.
La declaración de que el que se compromete a pagar debe hacerlo y listo es falsa. El que se compromete a pagar debe pagar si puede, esa es la realidad que todas las leyes de Occidente contemplan. Nadie puede pagar su deuda con su propia vida, por ejemplo, o con la de los suyos. Nadie está obligado a entregarse en esclavitud al acreedor en el caso de no poder pagar.
Las leyes de quiebra o banca rota en Argentina, como en muchos países capitalistas, por ejemplo, lo único que hacen es verificar si el deudor quedó insolvente de buena fe. Y si lo hizo de ese modo, distribuirá armónicamente los restos que hubiera de su patrimonio entre los acreedores y lo hará en la medida en que el quebrado pueda seguir viviendo a posteriori de una manera humana. Nadie le puede exigir, por ejemplo, que entregue a sus acreedores su televisor o su microondas. Y quedará reivindicado después de un cierto tiempo de modo de poder rehacer su vida en el futuro.
Inclusive, previo a una quiebra, existen instancias, como la que suele llamarse convocatoria de acreedores, que mediante quitas y arreglos varios, permiten al deudor que pasa por una crisis circunstancial, pero que todavía dispone de un negocio que puede renacer, trabajar de modo de honrar los acuerdos y volver a ponerse en carrera evitando de ese modo una banca rota que perjudicaría mucho más tanto a deudores como a acreedores.
Si el futuro deudor decidió recurrir al crédito para evitar la crisis y cayó, por impericia o estupidez en manos de usureros, y terminó, como suele suceder, en una quiebra, es seguro que la condición de usurero de los que dieron el crédito va a ser considerada por el juez que intervenga. La usura es considerada un delito y es pecado tanto para el cristianismo como para el judaísmo y el islamismo.


En realidad, el que dice que el que debe debe pagar, así, a secas, en un caso en el que hay usura de por medio, está diciendo una estupidez, una falsedad o pertenece a un grupo mafioso.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Como el Uruguay no hay

La decisión de la Suprema Corte de Justicia Uruguaya separando de su cargo a la jueza que tenía en sus manos cincuenta juicios por delitos de lesa humanidad, ¿signo de solidez o de debilidad?

La situación se complica en Uruguay. La impunidad ganó otra batalla. O al menos eso es lo que parece aunque yo no estaría del todo seguro.
Me pregunto si la derecha tradicional representada por los dos partidos históricos a los que pertenecen los jueces de la Suprema Corte de Justicia, se siente tan fuerte como para golpear a la sociedad mayoritariamente volcada a la izquierda a riesgo de producir una reacción incontrolable.
Es cierto que enfrente tiene a un gobierno en permanente conflicto que no termina de resolver problemas económicos y sociales. Un gobierno que hasta ahora siempre dio la sensación de que no se decide a dar un paso definitivo hacia delante, hacia el desarrollo industrial y un esquema impositivo más justo a partir de una mayor presencia estatal y que, muy a menudo, termina cediendo a criterios neoliberales. Pero un enemigo común y poderoso tiende a unir y a terminar con discusiones bizantinas y tibiezas varias. Y la Suprema Corte de Justicia es esa clase de enemigo.

De qué vale un plebiscito

Hay algo en lo que es necesario ponerse de acuerdo. Si se trata de delitos de lesa humanidad no hay plebiscito que valga ni pueblo que pueda tomar, mediante su voto, decisiones en contra de los juicios.
Es fácil demostrar esto por vía de un par de ejemplos que para mí ponen en evidencia la falacia de ciertos argumentos. ¿Existe alguna circunstancia en la que un estado pueda hacer votar, y un pueblo pueda hacerlo afirmativamente, por la exterminación por ahorcamiento de todos los pelirrojos? Si después de la 2ª guerra mundial los alemanes hubieran votado por una ley del olvido de los crímenes en los campos de concentración, ¿sería aceptable esa decisión sólo por ser el resultado de un plebiscito? Y lo mismo valdría para algún artículo constitucional que permitiera alguna de esas barbaridades.
En síntesis, creo que la discusión sobre la validez de los plebiscitos termina apenas los delitos son considerados de lesa humanidad, y es así por la propia definición de los términos.

La pregunta que me queda pendiente es si esta expresión de soberbia de los partidos tradicionales, mediatizada por la decisión de la corte, ¿no servirá  para sacudir el avispero y producir más beneficios para los que están por un Uruguay moderno y socialmente avanzado que para los conservadores?
No estoy seguro de que esto vaya a ser así ya que no puedo evitar sentir que estoy expresando mis deseos. La gran movilización, por desgracia, tampoco asegura nada. Si no, basta ver lo que sucedió con el mayo del ’68 en París que terminó con gobiernos más a la derecha todavía. Pero, más allá de las circunstancias internacionales, tan interesantes, sigo creyendo que Uruguay tiene reductos, reducidos tal vez pero siempre vivos, de una reserva inagotable de ingenio y valentía que hace mucho que no está a la vista pero que puede resurgir en cualquier momento para crear un país que nadie más que un uruguayo podría imaginar.