El Blog de Emilio Matei

martes, 19 de marzo de 2013

Rafael Correa y el buen vivir

¿Cuál es el objetivo final de la economía?

Rafael Correa
La economía no es un fin en si misma, es sólo un medio. Parece de una extrema sencillez, de una ingenuidad irredimible, decir que la economía tiene como objetivo el bien común. Pero esa es la verdad.
El problema esencial es definir quiénes son los receptores del bien común. Es muy fácil decir que todos lo son. Pero todos es ambiguo. ¿Todos los nacidos en el país? Si así fuera se dejaría afuera a todos los extranjeros que quieran habitar el suelo argentino, como dice el preámbulo de la constitución. Pero aún  si los incluimos, hay mucha gente que se considera con derechos particulares que los ponen por encima de los demás. La gente decente, como se decía en tiempos de la colonia y como hay gente que todavía lo dice, a veces sustituyendo la palabra decente por la palabra linda, que son los mismos que pregonan a gritos la necesidad de imponer el voto calificado.
Y otros que aseguran que un código, una serie de algoritmos matemáticos, tienen prioridad sobre los resultados en el presente. Son los que suelen posponer un cierto paraíso declamado para después de políticas económicas hijas de esos números, que casi siempre nos dejan en un infierno: el aquí y el ahora. Al fin de cuentas, no muy diferente a las promesas que hacen la mayor parte de las iglesias.
En realidad, como siempre sucede cuando se hacen promesas de venturosos futuros, hay quien se llena de riquezas en este ominoso presente.
Por ahora me conformaría con que todos los que están en Argentina, nacidos aquí o no, sean los destinatarios de los beneficios de la economía. Y lo sean lo más rápido que se pueda.

Por eso me encantó cuando Rafael Correa, el presidente de Ecuador y prestigioso economista, dijo que busca el buen vivir. Así, con una sencillez que pone a cualquier persona, sin importar el nivel o la educación, como objeto de una política y una economía.

Pero ¿qué es el buen vivir? Resulta claro que no será lo mismo para cualquier persona. No hay una lista de posibilidades en las que todos coincidamos que mejoran o que empeoren la vida. Pero, dejando de lado los gustos particulares, hay una cantidad enorme de cosas que es seguro que le gustan a la amplia mayoría de las personas. Tantas que lograrlas y distribuirlas en toda la sociedad ya sería un buen trabajo. Educación, salud, vivienda, buena alimentación, cultura, tiempo libre, turismo. Todo al alcance de todos. Y ya.
La verdad, lo que hace falta no es ninguna novedad, lo nuevo es decirlo con tanta sencillez  como lo hace Rafael Correa.

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