El Blog de Emilio Matei
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miércoles, 11 de septiembre de 2013

No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma

Hablar por boca de ganso

Kirshnamurti
Hablar por boca de ganso quiere decir que uno se hace eco de lo que me dijeron sin otra prueba ni verificación sobre la calidad del mensaje.
Pero el me dijeron podría no sólo corresponder a una cuestión coloquial sino, también, a una declaración por escrito o por cualquier otro medio de alguien que suponemos suficiente garantía de la calidad del mensaje(*).
Muchas veces la confiabilidad del emisor tiene que ver con las creencias o la ideología del que lo transmite(**). Es claro que las frases célebres de grandes autores suelen tener que ser entendidas en un contexto ideológico o social.

Me gustaría tomar la frase de Kirshnamurti, aparentemente tan cargada de sentido, que suele aparecer con recurrencia en las redes sociales: No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.
La idea del sicoanálisis es que es imposible estar bien adaptado a una sociedad enferma, y como desde esa perspectiva no es posible imaginar una sociedad que no lo esté, al menos por la necesidad de represión que acompaña a la vida en sociedad, la enfermedad sicológica sería parte de la vida. A lo sumo más allá de lo necesario, como dice Marcuse en Eros y Civilización, para una sociedad particularmente represiva como suele ser la nuestra. Como sea, entonces, nadie zafa de la neurosis que muchas veces nos lleva al límite de una vida vivible, y que es objeto de estudios e interpretaciones.
La frase de Kirshnamurti es, por lo contrario, una declaración que suena bien pero que tiene una serie de implicaciones que no se tienen en cuenta. En principio, qué es no estar bien adaptado.
Freud
El encanto profesional de Kirshnamurti queda en evidencia si tratamos de ver qué es lo que dice en concreto para uno mismo esa frase. Y lo que se puede deducir es que todos podríamos justificar nuestras inadaptaciones en ese entorno. Y aún más, ser un inadaptado sería un signo de salud. Claro que en esta idea, que es fácil de compartir si se trata de la capacidad de transgresión social de un artista, no lo será tan fácil si hablamos de un asesino o de un torturador.

En síntesis, decir que todos estamos enfermos, como dice el sicoanálisis, es poco simpático y nos produce una reacción casi siempre negativa, decir que nuestra enfermedad nos hace más sanos, fuera del absurdo lógico subyacente y del indudable sentido poético, dice casi lo mismo, pero tiene mejor marketing.

(*) Los que ven fenómenos paranormales o platos voladores, suelen decir que lo hicieron en compañía de alguien importante, según lo que su clase social defina como tal. Un ingeniero, un doctor o el dueño de una empresa, muchas veces es suficiente para dar credibilidad.

(**) Lo que casi siempre degrada ese mensaje para los que no piensan o creen lo mismo.

miércoles, 3 de abril de 2013

Morir en buena salud

Jeanne Moreau, nació el 23 de enero de 1928, por lo que hoy en día tiene ochenta y cinco años, de madre inglesa y padre francés. Y si bien se la considera una actriz francesa, parisina, habla perfectamente la lengua de sus dos padres. Lo que le permitió filmar tanto en Estados Unidos o Inglaterra como en Francia.

Jeanne Moreau hoy
Actriz de cine y teatro, cantante, directora, productora y escritora de cine, casada dos veces y amante de unos cuantos de los hombres más importantes del mundo cultural de la segunda mitad del siglo XX, Jeanne Moreau fue en su juventud una mujer de una belleza particular. Modo un tanto eufemístico de decir que no era muy linda. Pero tenía una forma de caminar con un movimiento especial que era su marca registrada. Hay muchas mujeres que tienen una buena imagen si se las mira de atrás, pero casi todas la basan en el mismo modo de moverse. Algunas más sensuales que otras, con mayor o menor desplazamiento de las caderas, pero todas en base a un movimiento de bamboleo parecido. Jeanne Moreau era otra cosa, que no voy a describir aquí ya que hay muchísimas películas en las que se puede ver ese notable talento en acción. Además, quién se atrevería a describir algo semejante. Yo no. Me alcanza con la expresión de mi admiración. Digamos, para terminar de aclarar, que estar sentado en un cine con una amiga y ver en la pantalla como Jeanne Moreau se aleja, es tan incómodo como ver una película porno al lado de un desconocido.

Además de sensualidad inquietante por la insinuación de una cierta perversión que transmiten sus ojos y sus gestos y por la mencionada forma de irse, Jeanne Moreau es una intelectual, una mujer brillante e inteligente de la que es un placer oír, más allá de sus obras profesionales, tanto sus historias como sus concepciones sobre el arte, la vida y todo aquello sobre lo que ella decida que vale la pena discurrir.

Hace poco, en una entrevista, declaró ante la pregunta inevitable que se hace a un triunfador que se acerca al fin de la vida, de si temía a la muerte. Contestó que no, que no tenía miedo, sólo esperaba morir en buena salud.


Morir en buena salud. Esa frase encierra la verdad humana, diría universal para todo ser vivo, de un concepto sobre la muerte que las sociedades occidentales parecen haber perdido. La muerte, no concebida como enfermedad, sino como fin inevitable de toda vida. Uno muere sólo porque era la condición para haber vivido. Que el cuerpo diga basta no implica ninguna enfermedad, sólo que ya llegó el momento, año más o año menos, naturalmente prefijado. Claro que muchas veces la enfermedad hace que ese momento se adelante. Y con la debilidad que la decrepitud suele producir, aún más, lo que tiende a inducir a error.

Como dirían en la cancha: ¡No te mueras nunca Jeanne! Sos la clase de mujeres francesas que con Simone Signoret, Simone de Beauvoir y tantas otras, formaron el mejor equipo femenino del mundo, y representaron un momento cultural extraordinario.