El Blog de Emilio Matei
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viernes, 3 de octubre de 2014

La dimensión de internet

Internet no está en otra dimensión, está donde estamos todos. Por lo que es difícil que tenga muchas más aberraciones, o más certezas, de las que podemos encontrar en las otras fuentes de información que manejamos. La diferencia está en la en la facilidad de acceso y la consiguiente socialización de la información que produce, más un pozo sin fondo de nuevas posibilidades a descubrir. Y esto, desde la invención del telescopio o de la imprenta, pone nerviosos a los que no la entienden, no la pueden manejar o no quieren tomarse el trabajo de entenderla y, sobre todo, a los sacerdotes del conocimiento que reclaman para sí el monopolio y los consiguientes privilegios que éste otorga.

No me cabe duda de que así como la imprenta produjo más lectores, internet va a producir más científicos. Y sí, también más esotéricos, más pedófilos, más delirantes, más artistas... Y cada cual deberá, mal que le pese, enfrentar a muchos más competidores. Y eso, como dije, pone nerviosos a algunos.

Como agregado habría que decir que cada avance tecnológico produce un cambio en la cosmovisión, un cambio en la conciencia de la realidad que tenemos. Y el signo de ese cambio para mí es, a la larga, positivo. Al menos cuando me siento optimista y miro a la edad que alcanzan algunas personas por estos tiempos y no a las guerras nuestras de cada día.

jueves, 2 de enero de 2014

Las cosas más o menos, una estafa

Desde que se inventó el avión, la industria aeronáutica, no pudiendo evitar el error, avanza por aproximaciones sucesivas para evitar los accidentes. Con algunas excepciones, como no puede ser de otro modo donde el dinero es dios, gente de diferente ideología, diferente origen social o raza, comparte ideas, análisis y todo tipo de tecnologías y conocimientos técnicos para hacer del volar algo seguro. Un buen ejemplo de servicio al cliente.

En el otro extremo, la industria de las comunicaciones parece haber olvidado que la excelencia debe ser también un objetivo. El inventar permanentemente servicios innecesarios y desconocidos por el cliente que los paga sin saber que dispone de ellos hasta los cortes del servicio por falta de previsión o interés en mejorar la calidad, todos somos rehenes de los proveedores de Internet o de telefonía celular.

Para los ingenuos que creen que los servicios son malos en su propia área, les aseguro que no es así. Los servicios que menciono son malos en todas partes. Estos días me informé de  que en una casa de Queens no hay Internet desde hace más de quince días, la excusa es que hay problemas de distribución de líneas en el barrio, o algo así. En Francia están que arden con las supuestas conexiones de 30M y 4G que no llegan jamás ni a la mitad de lo que prometen, en Madrid Internet puede o no funcionar según la zona o la suerte del usuario. Y en Argentina, ni hablemos.


Se trata de una industria enferma desde el origen. El avance tecnológico avanza más rápido que la optimización y el negocio es la única razón para hacer una u otra acción comercial o técnica, más allá de su necesidad o de su calidad. Las mismas empresas crean reglas morales o manuales de ética que no respetan, pero que pretenden hacer respetar a los pobres usuarios. Aunque ya lo dije en algún otro artículo lo repetiré aquí por su validez, el mejor ejemplo es el del spam, considerado una práctica deleznable y abusiva. Claro que lo es cuando uno intenta promocionar un producto PYME. Cuando se trata de Volkswagen, que nos hace llegar al celular el aviso burdo y mentiroso de que acabamos de ganar un auto, desde los proveedores de Internet hasta las ONGs dedicadas a la defensa del consumidor, miran para otro lado.

lunes, 5 de agosto de 2013

Profecía autocumplida

Momento raro, éste. Después del caso Snowden, el técnico, más que topo, que denunció el espionaje de los correos electrónicos, redes sociales y todo tipo de comunicación vía Internet, aparece un aviso internacional de peligro de atentados terroristas emitido por los que espían. Uno puede ser exagerado en su suspicacia, pero es difícil no relacionar, no dar una relación causal, a ambas cosas.

Justo cuando la mayor parte de los países, en forma más directa o más sutil según el grado de dependencia política o económica con los Estados Unidos, critican la intrusión de los servicios de informaciones, aparece una eventual justificación de un sistema que no puede dejar de repugnar.
Alerta general. Cierran embajadas norteamericanas y muchas europeas, certificando una vez más la dependencia torpe y obsecuente que adoptan los europeos en la actualidad respecto a su socio más importante debido a una amenaza que tiene como principal consecuencia la justificación de la pérdida de derechos de sus ciudadanos a cambio de una seguridad más que dudosa. Cuando para muchos especialistas, Al Qaeda y otros grupos de terroristas, saben del control que existe sobre las comunicaciones y actúan en consecuencia.

En este contexto la amenaza puede ser cierta o falsa, pero a Estados Unidos le conviene que sea cierta y que, gracias al espionaje masivo, con resultados menores o aún mayores aunque previstos por un sistema cuyos errores en el pasado fueron trágicamente enormes, haya una demostración de eficiencia. Escenario por lo menos peligroso que podría impulsar a algún fundamentalista del fisgoneo a producir una profecía autocumplida, no sea cosa que alguien quiera reafirmar mediante la muerte de personas la validez de un sistema que deteriora algunos de los códigos fundamentales del mundo civilizado. El derecho a la privacidad.