El Blog de Emilio Matei

domingo, 14 de septiembre de 2014

El nuevo peligro nuclear

Hace muchos años ya, desde la caída de la URSS, que el peligro nuclear dejó de ser un tema. Para muchos, los llamados preppers, o supervivencialistas como se los suele llamar en castellano, el riesgo más próximo es el de la disolución de la sociedad. Ya no se trata de un holocausto nuclear y de la mínima posibilidad de supervivencia que puede ofrecer un bunker de cemento enterrado y provisto de vituallas para mucho tiempo. Ahora habrá que defenderse de hordas de muertos de hambre, merodeadores armados y toda clase de grupos de desesperados en la búsqueda de qué comer. Fantasía que no lo es tanto en Libia y en varias zonas de Oriente Medio.

Pero parece que la guerra fría vuelve a ser un tema. Y con él el peligro nuclear retoma su lugar entre los enemigos públicos de nuestras noches insomnes. ¿Volverá a subir la cotización de las propiedades que disponen de bunkers en el jardín, esos viejos y costosos refugios, resabios de los sesentas? Tal vez.

En Realidad el peligro de un desastre nuclear nunca desapareció del todo. La existencia de arsenales enormes en lugares que uno sospecha que ni siquiera son del todo conocidos, ya que sus constructores o murieron o en la actualidad no tienen ninguna posibilidad de actuar sobre ellos debido a la nueva división política del mundo, da la sensación de que una explosión siempre fue posible. Con resultados que son imposibles de prever.
Claro que no sólo un accidente es posible, dada la locura militarista del presente. Hasta ahora las escaladas militares se detuvieron antes del uso de lo nuclear cuando los contendientes, los implicados, disponían de ese tipo de armas. Pero, ¿seguirá pasando lo mismo en el futuro?

Hace unos cuantos años, a fines de  los sesentas o principio de los setentas, le pregunté al filósofo Eugenio Werden qué opinaba respecto al futuro si se producía una guerra atómica. Él me contestó, y no puedo ser literal porque fue hace mucho tiempo, que no tenía sentido siquiera hacerse la pregunta, que no tendría sentido hacer proyectos para un mundo en el que la humanidad ya no existiera.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Un poco de caos en el orden

Irene Gruss

El tiempo que demoras en terminar cada cosa

El tiempo que demoras en terminar cada cosa
igual al de las cosas a medio hacer.
Nada perturba:
ni la conciencia ni la ensoñación de ver algo
hecho y cerrado.
A modo de hilván y a medias todo. 
Que un límite no cierre lo que no quieres cerrar: parece más vivo
lo inacabado. Allí el vestido sin doblar,
allí los hijos, idos; así un final, como un principio, entremezclado y sucio
de arena del reloj.
Así irresuelta, desparramado un eco, 
la brasa sin atizar. 

Henri Lefebvre
En "Position : contre les technocrates", Henri Lefebvre (1901-1991), filósofo marxista a menudo considerado trotskista por sus conflictos con el estalinismo, planteaba, entre otras cuestiones, que el orden era necrofílico, que la vida estaba sólo en el desorden. Y qué mayor desorden, qué mayor placer vital, hay en la obra no terminada, como expresa más arriba Irene Gruss en la percepción del mundo y en el lenguaje subjetivo de la poeta.

¿Dónde se expresa el trabajo más cabalmente, en el escritorio con todo en su lugar o en el caos de papeles?


Todo lo inconcluso es, por su propia naturaleza, desordenado, muchas veces caótico, a la espera de decisiones y correcciones.
Tal vez una de las mayores expresiones de la belleza de lo no acabado sea la Pietà de Michelangelo que está en el Duomo de Florencia. Ahí la imperfección, lo inconcluso, las tensiones irresueltas con su a veces cruel vitalidad, comunica mucho más el dolor de María por la muerte de su hijo que en la Pietà más conocida, la que está en San Pedro, en su exquisita perfección.

sábado, 30 de agosto de 2014

Mohammed al Ajami, ¿el poeta olvidado?

La poesía, un juego peligroso.


Se conoció mundialmente en 2011, cuando entusiasmado por la llamada Primavera Árabe, escribió un poema, El poema del jazmín.
Somos todos Túnez, dijo, todos enfrentando a las elites opresoras. De Occidente, dijo más adelante, importamos todo menos los derechos y las libertades. Fue detenido en Qatar, su país natal, y condenado por incitación a voltear el poder. Le dieron cadena perpetua y luego, con gran magnanimidad, tal vez por causa de las diferentes organizaciones internacionales que salieron en su defensa, en 2013 le redujeron la pena a quince años. Y desde ese momento no pude saber más de él. No hay nada en ninguna parte. Parece que un poeta pudriéndose en la cárcel ya no es más noticia para los medios occidentales y ni siquiera para Al Jazeera.
¿El poeta olvidado?
o debería decir, desaparecido.
Muy pocas imágenes hay de Mohammed al Ajami, que usa como seudónimo Ibn al-Dhib, el hijo del lobo. Y no me fue posible saber qué edad tenía cuando escribió, estudiante en la Universidad del Cairo, en Egipto, ese único poema que le costó quince años de cárcel. Un poema que ni se mencionó durante el juicio.


Como último recurso, escribí a Amnesty International y estoy a la espera de una respuesta que agregaré aquí en el caso en que la reciba y que aporte nueva información.

*Al día de la fecha, 10 de noviembre de 2014, después de insistir un par de veces, sigo sin información al respecto. 

viernes, 29 de agosto de 2014

Los plebiscitos y la usura

El pueblo es soberano, pero ningún pueblo dispone del derecho absoluto a cualquier cosa. Ya traté este tema con respecto a la discusión que hay en Uruguay sobre las leyes que suelen llamarse de punto final. Estas leyes intentan terminar con los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura. Delitos que, por su naturaleza particularmente viciosa, son considerados en el conjunto de las naciones, imprescriptibles. Sin embargo, apoyándose en un falso poder absoluto del pueblo, se hizo un plebiscito y de acuerdo a los resultados obtenidos se decidió terminar con los juicios. Por qué no, entonces, en algún futuro disparatado, no se podría votar, mediante plebiscito, la muerte de todos los pelirrojos, todos los fumadores de marihuana o todos los miembros de algún grupo social minoritario. Si la condición omnipotente del plebiscito fuera verdad, todas estas alternativas serían posibles.
En síntesis, la soberanía del pueblo tiene, a pesar de su enorme e inalienable poder, límites precisos.



Ahora, en el tema de los llamados fondos buitres o holdouts, aparecen criterios parecidos a la falsa interpretación de soberanía que menciono más arriba. En este caso los contratos o acuerdos económicos deben ser cumplidos a cualquier costo y sin ninguna clase de matices. Criterio que no existe en ninguna legislación del mundo.
La declaración de que el que se compromete a pagar debe hacerlo y listo es falsa. El que se compromete a pagar debe pagar si puede, esa es la realidad que todas las leyes de Occidente contemplan. Nadie puede pagar su deuda con su propia vida, por ejemplo, o con la de los suyos. Nadie está obligado a entregarse en esclavitud al acreedor en el caso de no poder pagar.
Las leyes de quiebra o banca rota en Argentina, como en muchos países capitalistas, por ejemplo, lo único que hacen es verificar si el deudor quedó insolvente de buena fe. Y si lo hizo de ese modo, distribuirá armónicamente los restos que hubiera de su patrimonio entre los acreedores y lo hará en la medida en que el quebrado pueda seguir viviendo a posteriori de una manera humana. Nadie le puede exigir, por ejemplo, que entregue a sus acreedores su televisor o su microondas. Y quedará reivindicado después de un cierto tiempo de modo de poder rehacer su vida en el futuro.
Inclusive, previo a una quiebra, existen instancias, como la que suele llamarse convocatoria de acreedores, que mediante quitas y arreglos varios, permiten al deudor que pasa por una crisis circunstancial, pero que todavía dispone de un negocio que puede renacer, trabajar de modo de honrar los acuerdos y volver a ponerse en carrera evitando de ese modo una banca rota que perjudicaría mucho más tanto a deudores como a acreedores.
Si el futuro deudor decidió recurrir al crédito para evitar la crisis y cayó, por impericia o estupidez en manos de usureros, y terminó, como suele suceder, en una quiebra, es seguro que la condición de usurero de los que dieron el crédito va a ser considerada por el juez que intervenga. La usura es considerada un delito y es pecado tanto para el cristianismo como para el judaísmo y el islamismo.


En realidad, el que dice que el que debe debe pagar, así, a secas, en un caso en el que hay usura de por medio, está diciendo una estupidez, una falsedad o pertenece a un grupo mafioso.

martes, 26 de agosto de 2014

Otra vez Libia

O debería decir, sigue la tragedia Libia. O la tragedia de buena parte de África. Escuché a un programa de televisión que decía que en Libia actúan más de mil seiscientos grupos armados independientes. No tengo manera de verificarlo, pero podría ser así. Y en realidad, si fueran la cuarta parte o el doble también sería una clara demostración de la destrucción del pacto social de un país. O de una región.


Es difícil saber lo que sucede en el interior de Libia, ya casi no quedan periodistas y la información que llevan los que escapan no deja de ser parcial y limitada a experiencias demasiado traumáticas como para permitir reflexiones lúcidas. Sí sabemos que los países del entorno libio están más que preocupados por un cáncer que puede hacer metástasis en cualquier momento llevado de la mano de aeropuertos bombardeados por aviones de Arabia Saudita, narcos colombianos y gente del AQMI, Al Qaeda para el Maghreb Islámico, y Hermanos Musulmanes, etre otros. ¿Y más lejos? ¿En Europa? 

En Italia subieron este video, precedido por un pudoroso cartel que decía Immagini sconsigliate a un pubblico sensibile: http://video.corriere.it/dramma-migranti-corpi-naufraghi-spiagge-tripoli/7962fdb6-2c8f-11e4-9952-cb46fab97a50 . En él se ven los cuerpos balanceados por las olas que flotan en la orilla de una playa cerca de Trípoli, en Libia. Son los cuerpos de los doscientos seres humanos que abandonaron la guerra y se jugaron la vida para llegar a Italia el 23 de agosto. Se la jugaron y la perdieron. Y ahora no son más que despojos que son recogidos y embolsados por gente idéntica a ellos y a los que suelen limpiar, muy temprano por la mañana, la basura que gente divertida y desaprensiva dejó en la playa por la noche.

En Italia el video se vio, en mi caso, precedido por una publicidad que empezaba con vacas pastando en un bucólico paraíso a la suiza y que terminaba en una mozzarella. Y luego, como en una broma macabra, la publicidad de una especie de grisines forrados de cholocate llamados Zulú.

martes, 19 de agosto de 2014

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones y los gatos

¿Habrá alguien en Irak, en Afganistán o en la Franja de Gaza, que esté preocupado por el cambio climático?

A veces ciertos temas ecologistas me parecen tan importantes para la humanidad como en la época victoriana las discusiones sobre cómo ser un auténtico dandy londinense.
Nadie puede objetar que es mejor no producir tanta basura o procesarla para poderla aprovechar o que es conveniente no tirar productos peligrosos al medio ambiente. Pero convertir buenas e higiénicas costumbres en una lucha fundamentalista que se extiende a la tierra toda me parece una peligrosa exageración. Exageración porque todo lo que puede contribuir Sudamérica en su conjunto al efecto invernadero no modifica demasiado nada, teniendo en cuenta cualquier parámetro que se quiera elegir como patrón de medida. Los países del norte producen daños tanto más importantes que los nuestros carecen de significación. Y peligrosa porque tiende a desviar la atención de problemas mucho más agudos si de proteger la tierra se trata. Baste ver lo que significó el uso de uranio empobrecido en la guerra de Irak.
Cuando uno ve la enorme cantidad de energía que desperdician y la monstruosa contaminación que producen las armas de guerra, todo lo demás parece una broma. A lo sumo una broma de dudoso gusto, pero broma al fin.


En realidad, en nuestros países cuando se habla de calentamiento global, por lo que eso signifique o por lo verosímil que sea, toda argumentación que no pase por acusar a los países del norte, que son los que la producen de modo significativo, es pura frivolidad, apenas diferente a la gatofilia insoportable con la que nos atosigan en Facebook los amantes de los gatos.

viernes, 8 de agosto de 2014

Lo que se pierde

La islas Camores, el Himalaya, Chichén Itzá, los fiordos de Chile, y los de Noruega, Rapa Nui, Nigeria, el Kalahari y la cuenca de Olduvai, el Gran Arrecife de Coral. Canguros y Chimpancés en libertad.

Desde que nací hasta ahora vi aparecer en mi vida objetos maravillosos. Radios que se podían llevar en el bolsillo, televisores enormes y en color que permiten ver un mundial de fútbol en tiempo real, aviones que vuelan a más de diez mil metros de altura y que suelen tener más estabilidad que un barco, teléfonos portátiles que permiten compartir sonidos e imágenes a través del océano, computadoras que hasta me permiten desde mi casa y en ropa interior, ganar el dinero necesario para vivir y tantas otras cosas maravillosas que de una u otra manera tengo o que puedo usar. A veces escucho a gente que se pregunta qué se va a perder cuando muera, qué maravillas tecnológicas habrá que ni siquiera podemos imaginar. Y esa gente tiene razón, quién podría negarlo. Yo mismo me lo pregunto, a veces.

Sin embargo hay algo que comparto con mi abuelo que murió antes de todas las maravillas que mencioné arriba. Y es que no conozco ni llegaré a conocer la mayor parte de los lugares y de las sensaciones que este mundo, así como es, puede dar. Pienso en las fuentes del Nilo, en el Polo Sur, en la Siberia y en la Tundra Canadiense y en tantos otros desiertos, pienso en el fondo del mar, en una isla perdida en el Caribe, o cerca de Cabo Verde o de Madagascar. Puedo pasarme el día y tal vez el año pensando en una lista de lugares que no conoceré más que a través de una eventual esterilidad televisada que ocultará las suciedad en las playas de la Melanesia, las cucarachas que son plaga en toda la Polinesia y el dolor de la piel en el frío polar; la potencia de la Verdad de la naturaleza a la que sólo se accede exponiendo el propio cuerpo, limitado y frágil. Y eso sí me entristece frente a la idea de morir.

martes, 5 de agosto de 2014

Neo gurues de Facebook

Mi casa está abierta a todos, todos pueden entrar en ella, pero atención: mantengan la boca cerrada.

El prócer puede ser un actor conocido, un tremendo intelectual, un poeta filósofo o un filósofo poético o, por qué no, una vieja habitante de algún paraíso perdido que decidió comunicarse con el universo a través de una página de Facebook para contar, en compañía de sus acólitos, lo lindo que es su terruño. Lo que parece loable o, al menos, no negativo en sí. Claro que luego de un tiempo se rodea de una caterva de amigos fieles que en realidad actúan como fieles de una limitadísima religión y eso no resulta tan simpático. Son los que beben cada palabra del maestro o la maestra como si fuera una especie de maná intelectual que alimenta a los pobres desamparados del desierto de las ideas o más probablemente, de la exquisita sensibilidad que sólo el gurú es capaz de percibir en el más estólido ladrillo.

¿Foros de discusión o foros de adoración?

 El problema es que en FB, salvo que uno renuncie a abrir fuego contra todos mediante alguna limitación autoimpuesta en los filtros que se proveen para evitar la difusión excesiva, trae dos clases de individuos repudiables. Los insultadores por impunidad, que habrá que eliminar de los amigos, y los contestatarios, los malditos individuos que se afanan en discusiones irrespetuosas tan fuera de lugar, ¡so desubicados!
A esta última fauna reconozco que adscribo yo.

Los gurúes de FB reaccionan de una manera curiosa porque la gran mayoría no lo hace a mi comentario por sus contenidos sino sólo por su existencia, como si atreverme a discutir o a comentar algo que dijeron, a ocupar un espacio por mínimo que sea, fuera un pecado irredimible. Y luego su cohorte de adherentes fieles, acompaña con insultos, me gusta o ironías, a tan sabio sensei. Hay veces en que los acólitos suelen estar tan bien entrenados que se adelantan al gurú. Y en ese caso, el sobrio gurú o la sobria gurusa, para igualar los géneros, suelen poner un me gusta como quien asiente sabia y sobriamente con la cabeza.

En fin, cada cual con su idiosincrasia. Yo no pienso renunciar a la mía y seguiré molestando como el Etrusco.





martes, 22 de julio de 2014

Lo aceptable y lo que no lo es

Uno trata de dividir, de separar, tanto entre los países como entre las personas lo aceptable de lo que no lo es. Apuntar a lo verdadero siempre es incómodo, pero hay veces en que esa incomodidad se hace poco menos que insoportable. Y eso es lo que a muchos nos está sucediendo en este mismo momento en que las explosiones despedazan a la población de la Franja de Gaza.


 Es bastante fácil separar, por ejemplo, al Vargas Llosa o al Borges escritor del reaccionario cavernícola. Qué hacer, en cambio, con la sociedad que pudo producir un Beethoven o un Marx cuando también pudo producir Goebles, Hitlers y otros monstruos por el estilo. Es cierto que esa sociedad ya es pasado y puede ser analizada con cierta precisión al ser un cuadro fijo, estático, que no va cambiando bajo nuestros ojos en el día a día. O al menos uno quiere creer que es así.
En el presente las acciones del Estado de Israel son las que producen estupefacción. Y esta reacción es máxima para quien se crió con un apellido ruso, de esos apellidos que en Argentina se asocian inmediatamente al origen judío, con abuelos inmigrantes unidos a las tradiciones culturales, no muy religiosas, y a padres librepensadores de izquierda. Un cóctel simpático, pero muy peligroso ya que pone en el cerebro de la tercera generación una atracción hacia lo judío mucho más lírica que objetiva. Todavía más cuando el apellido lo hizo a uno blanco, desde la preadolescencia y hasta bien entrada la misma, de las persecuciones de la extrema derecha neonazi de Tacuara y de los engominados personajes de la Acción Católica.
Por entonces las instituciones judías no actuaban ni ofrecían ninguna solución o protección real, pero al menos daban una contención sostenida por el sentimiento de pertenencia y la hipótesis de algún lugar donde protegerse si se llegaba a producir un pogrom. Casi siempre desde un sionismo que proponía como única solución ir a pelear a Israel, donde al menos se sabría bien quién era amigo y quién enemigo. Es decir, que lo que había que defender en realidad era al Estado de Israel, sin que importara demasiado el destino de cada judío en sí. Todo esto visto desde una especie de idea socialista en la que lo individual se perdía ante el interés común que muchas veces no era más que los negocios que hacía Israel con el gobierno argentino de turno. Así que la oferta real semioculta por los prejuicios era la de ir a un país casi teocrático siempre en guerra con el que uno podía y debía identificarse.

Debido a la violencia cotidiana que sufría en el colegio, todo judío por aquella época se había convertido en mi interior en parte de mi familia, aunque mi familia, al menos la más próxima, no había tenido más que leves y esporádicos contactos con la comunidad, claramente con la parte no religiosa. Un judío no podía ser demasiado malo, demasiado cruel, una judía no podía ser demasiado mala o demasiado puta. Al fin de cuentas éramos judíos, a lo sumo podíamos aceptar en voz baja un caso perverso como si fuera una enfermedad de la que es de mal gusto hablar: la Zwi Migdal, mafia judía que explotaba a mujeres judías polacas, disfrazada de sociedad de socorros mutuos.
Y toda violencia ejercida por un judío era justificada porque siempre era ejercida en defensa propia.
Mucho tiempo después leí a Erich Fromm(*) que decía que todas las guerras fueron comenzadas con el pretexto de la defensa propia.

Cuántas generaciones harán falta para que la tradición judía no sea más que eso, una tradición diversa y rica que muchas veces, aunque no todas, tenga un enorme encanto con la que uno se pueda identificar y ya no sea ocultada por una descomunal capa de prejuicios, rencores irreconciliables y deberes con los ancestros para justificación de una serie de expresiones de una religiosidad antediluviana y del más puro racismo, a veces folclórico y hoy criminal,  con la forma de un pensamiento que no termina de desaparecer y que el actual triunfo del liberalismo económico parece acentuar.

  


martes, 15 de julio de 2014

Quiénes pueden ganar los mundiales

En cierto sentido, esta Copa Mundial parece anticipar la muerte de los grandes talentos individuales. O al menos los que pueden desequilibrar, como suelen decir los comentaristas futboleros. Y esto no sólo le haría mal al fútbol sino que, quiero creer con una buena dosis de optimismo, empeoraría el negocio.

La decisión de la FIFA de que los árbitros sean permisivos respecto a los actos de violencia antideportiva con la excusa absurda de agilizar el juego, modifica el panorama. Llegar a la final implica ahora tener buenos repuestos para sustituir a los jugadores lesionados. En realidad, después de haber visto muchos partidos uno se queda con la sensación de que hubo suerte, la suerte de que ningún jugador haya quedado lisiado para siempre. O al menos eso parece ya que una vértebra rota es como mínimo un aviso escalofriante.
Los jugadores más sacrificados y los más talentosos son los mejores candidatos para una lesión que los deje fuera del mundial o, peor, fuera de la posibilidad de practicar este deporte, por lo que habrá que tener sustitutos adecuados. Y ya se sabe que el talento es único y particular de modo que los jugadores que lo tienen nunca son reemplazables por otros iguales.
di Maria
(Lesionado)
Khedira
(Lesionado)

Neymar
(Lesionado)
 Otro resultado insidioso es la manera en que los árbitros decidieron sacar o no una tarjeta amarilla, teniendo en cuenta que la roja casi no existió en la actualidad de este mundial. Cuando por alguna decisión impredecible el árbitro saca por fin la tarjeta amarilla, siempre lo hace luego de una cantidad de veces que decidió no hacerlo. Esto crea una sensación de injusticia por un lado y una tentación para los jugadores de ir más allá de lo que normalmente se hubieran permitido en el ejercicio de alguna violencia. Otra razón más que puede dejar afuera por repetición de tarjetas a cualquier jugador, inclusive el más prolijo, si se siente demasiado atacado por otro e impune.


 Varios de los mejores jugadores de esta época quedaron fuera de los últimos partidos de sus respectivas selecciones como Neymar, di Maria o Khedira. O, como en el caso de Messi, optaron por una cierta apatía que les quita expresión a su talento. Y no creo que en esto haya habido cobardía, me gusta pensar que en la cara apagada de Messi lo que hay es una gran tristeza por la ausencia de una diversión que la violencia admitida hace desaparecer. Messi no es un gladiador, en su sencillez es un artista.

En qué se convertirá el fútbol en el futuro es imposible predecir. Lo que sé es que por este camino no puede llegarse a ningún buen lugar.


Hace varios años, discutiendo con un profesor de gimnasia respecto a las reglas de un juego, me dijo que en un reglamento uno ponía lo que razonablemente podía suceder, que ningún reglamento contempla la entrada de un león a la cancha. En un futuro próximo tal vez y si el negocio lo precisa, esa cláusula deberá considerarse.

lunes, 7 de julio de 2014

Nordacas, no tenéis remedio

En medio de un alarmante número de suicidios de cuadros superiores, y no tan superiores, de las grandes empresas tanto privadas como estatales, Francia se va volviendo un ejemplo de políticas dependientes de las finanzas internacionales. Y los resultados son los que se podían esperar. Una gran desestructuración de todos los servicios en inevitable sintonía con la desestructuración de la vida cotidiana.
Los ferrocarriles de Francia decidieron incorporar un nuevo tipo de trenes muy veloces y con mayores comodidades para los trayectos de distancias intermedias. Un total de 341 trenes, dos mil millones de euros. Los trenes se hicieron y esperan desde hace más de diez meses porque los hicieron demasiado anchos para las estaciones. Como el pago de estos trenes se juntaba haciendo una vaquita entre las regiones, ahora quieren que estas paguen los costos del error. Cosa que, por supuesto, las regiones no quieren hacer. En síntesis, nadie quiere poner la platita y la cosa va empezando a juntar polvo. Tal vez algo tenga que ver con eso el hecho de que los saberes sustituyeron a los conocimientos, quién sabe. Cosas del post posmodernismo.

Eso sí, Francia tiene un promedio de puntualidad en sus trenes superior al de Alemania y al de Inglaterra. No sea cosa que alguien crea que son los franceses los únicos irredimibles frente a la famosa precisión anglosajona.


sábado, 5 de julio de 2014

Neymar y el liberalismo económico


En el capitalismo liberal, la ganancia es el único objetivo, no importa cuántas justificaciones haya para eso, no importa cuán benigna o ingenua se considere la búsqueda de la ganancia por encima de todo valor, o cuánto se crea que ese objetivo es bueno para la sociedad en su conjunto. En realidad, los países en los que esta forma económica actuó sin límites visibles u ocultos por parte el estado, la debacle fue, o hay evidencia de que lo será, inevitable.

Lo mismo acaba de suceder en el fútbol del Campeonato Mundial. La FIFA, que navega como pez en el agua en el liberalismo económico, debe de haber decidido sobreexcitar a los espectadores, permitiendo a través de sus jueces, un altísimo grado de violencia. Me imagino que allí donde la ganancia es optimizada, alguien dijo que hay que dar más material a la prensa agregando lisiados y muertos, lo que de modo inevitable, subiría las facturas de publicidad. Todo por mantener a los espectadores prendidos de las pantallas. Y entonces uno de los mejores jugadores del mundo, tal vez ligado al riñón de la FIFA a través de uno de los países que tienen más participación en ella, como es el caso de Brasil, cae con una vértebra lumbar rota y empieza a navegar hacia un destino incierto, como el de cualquier país cuando enfrenta el default. Claro que en su caso es desde el punto de vista deportivo, pero, con toda seguridad, no así como negocio, ya que pase lo que pase, los tomadores de decisiones de la FIFA van a sacar ventaja tanto si vuelve a jugar, como si queda lisiado, como si muere. Todo sirve para producir dinero, hasta la supuesta paz de los cementerios. Y si no, siempre habrá más jugadores y más países para exprimir.